Mali ante las contradicciones de Francia

Al cabo de 9 años de presencia en Mali, el ejército francés se retira supuestamente ‎orgulloso de lo que hizo en ese país africano, donde combatió a los yihadistas. Pero ese ‎balance no tiene en cuenta la realidad. Los problemas de Mali vienen en gran parte ‎de la intervención ilegal de la OTAN en Libia. En cuanto al desarrollo de los grupos yihadistas, ‎este es orquestado… por los servicios secretos de Francia. Al igual que ‎Estados Unidos en el Medio Oriente, en Mali los franceses son al mismo tiempo ‎bomberos e incendiarios. Ahora, Francia retira sus tropas de Mali… pero a la vez ‎prepara con Washington una guerra de mayor envergadura en el Sahel. ‎

En 2010, durante la crisis de Costa de Marfil, Francia cambió de política en África. El apoyo que ‎el entonces presidente Nicolas Sarkozy aportó al candidato Alassane Ouattara no coincidía con ‎los intereses de Costa de Marfil ni con los de las grandes empresas francesas, que trataron ‎inútilmente de oponerse a las acciones de Sarkozy. Washington solicitaba a París que sacara del ‎poder al presidente Laurent Gbagbo, un ex colaborador de la CIA convertido en nacionalista. ‎

Al año siguiente se dio una situación similar en Libia. El presidente francés Nicolas Sarkozy creyó ‎al parecer que podría construir un imperio petrolero gracias a un cambio de régimen. En realidad Sarkozy no sirvió a los intereses libios ni a los franceses. Sólo se alineó junto a ‎Estados Unidos y la OTAN. ‎

Pero Muammar el Kadhafi era la única persona en África que había logrado que árabes y negros ‎colaboraran entre sí, después de siglos de guerras y de esclavismo. Además, Kadhafi había ‎utilizado los ingresos provenientes del petróleo para tratar, junto al presidente Amadou Toumani ‎Touré, de construir un mínimo de Estado en Mali (el antiguo «Sudán francés») según el modelo ‎de los socialistas franceses del siglo XIX (Proudhon y Fourier) y de la Yamahiriya Árabe Libia. ‎

Al derrocar al Guía de la Revolución libia, la OTAN desató también el caos en Mali. Hecho ‎extraordinario, el comandante del AfriCom estadounidense se rebeló contra el apoyo de ‎Washington a al-Qaeda contra Libia, provocando así un giro en los objetivos de la OTAN. ‎

Durante los siguientes meses se produjo en Mali un reinicio de la rebelión tuareg, pero a partir ‎de entonces grupos yihadistas respaldados por la Hermandad Musulmana libia –o sea, por los ‎servicios secretos anglosajones– desempeñaron un papel mucho más importante en esa rebelión. ‎Carentes de los medios materiales necesarios para enfrentarse a los yihdistas, los militares ‎malienses se amotinaron. Los servicios secretos de Francia y Estados Unidos aprovechan ‎entonces la ocasión para derrocar al presidente de la República, Amadou Toumani Touré, a sólo ‎semanas del fin de su mandato, y ponen en su lugar al presidente de la Asamblea Nacional, ‎Doincounda Traoré. Esta maniobra fue legalizada por la Comunidad Económica de Estados de ‎África Occidental (CEDEAO), presidida en aquel momento por Alassane Ouattara, instalado en el ‎poder el año anterior en Costa de Marfil… precisamente por las tropas francesas. ‎

Los yihadistas atacaron entonces la ciudad maliense de Konna y extendieron la aplicación de la ‎charia al norte del país. El presidente títere Dioncounda Traoré solicitó la intervención del ejército ‎francés, que no esperaba otra cosa. Por supuesto, el presidente francés Francois Hollande ‎se apresuró a proponer la ayuda de Francia para contrarrestar la influencia de los yihadistas –‎respaldados estos últimos por los aliados anglosajones y qataríes de Francia– y garantizar de paso ‎su propio aprovisionamiento en uranio. ‎

Así comenzó la “Operación Serval”, aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Se trataba ‎claramente de un regreso a la vieja política colonial de Francia. En 2014, se firmó un acuerdo ‎secreto que permitió a Francia desplegar tropas no sólo en Mali y en Chad sino en todo el Sahel ‎y no en contra de los anglosajones sino junto a ellos y con el conjunto de las potencias europeas ‎en contra de los yihadistas… a los que, sin embargo, Francia seguía respaldando. Así comenzaba ‎la “Operación Barkhane”.‎

Al cabo de un periodo de confusión, finalmente se realizó en Mali una elección presidencial que ‎puso legalmente en el poder al presidente Ibrahim Boubacar Keita. Aunque se presentaba como ‎laico, Ibrahim Boubacar Keita recurrió al apoyo de Arabia Saudita –que se había puesto en contra ‎de la Hermandad Musulmana– frente a Qatar –que había pasado a respaldar la Hermandad ‎Musulmana. ‎

En 2013, el influyente diario francés “Le Monde” asume abiertamente el ‎carácter neocolonial de la operación del presidente Francois Hollande en Mali. Sin complejos, ‎‎“Le Monde” anuncia en primera plana que “El ejército francés toma Tombuctú”.

Las contradicciones francesas ya eran evidentes. El presidente Francois Hollande se había visto ‎obligado a retrasar el despliegue de las fuerzas de la “Operación Serval” para dar tiempo a que ‎sus aliados qataríes retiraran los consejeros militares que habían enviado a los yihadistas. Después, ‎los yihadistas que trataban de derrocar el gobierno sirio –con el apoyo de Francia– protestaron ‎contra los «traidores franceses» que luchaban contra sus «hermanos» yihadistas en Mali. Y ‎cuando el ministro de Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, interrogó a su homólogo francés, ‎Laurent Fabius, sobre aquel enredo, Fabius se limitó a responderle, entre risas: «¡Esa es nuestra ‎realpolitik!»‎

‎Las primeras acciones del ejército francés en Mali fueron militarmente inaceptables: las víctimas ‎civiles de sus bombardeos fueron 7 veces más numerosas que los yihadistas muertos. Lógico ‎resultado: la opinión de los malienses se volvió en contra de Francia. ‎

La primera víctima de esa estúpida y bárbara política de París fue el presidente maliense Ibrahim ‎Boubacar Keïta, derrocado en 2020 por un nuevo movimiento militar. En definitiva, un grupo de ‎militares inspirado en el ejemplo del revolucionario burkinabés Thomas Sankara (1949-‎‎1983) constituyó un gobierno de transición alrededor del coronel Assimi Goita.‎

El 8 de octubre de 2021, el primer ministro maliense Choguel Kokalla ‎Maiga concede una entrevista a la agencia RIA-Novosti. ‎

El ejército maliense no tardó en revelar lo que estaba sucediendo. El 8 de octubre de 2021, en ‎entrevista concedida a la agencia RIA-Novosti, el primer ministro de Mali, Choguel Kokalla ‎Maiga, denunciaba el doble juego de Francia, aportando incluso detalles sobre el entrenamiento ‎de los yihadistas en la región de Kigal, donde las tropas de Mali no habían podido entrar… porque ‎el ejército francés había prohibido que lo hicieran. ‎

Por supuesto, con excepción de Red Voltaire [1], ningún medio francés reportó aquella ‎entrevista. La prensa occidental en general prefería dedicar el máximo espacio a las ‎conversaciones del gobierno de Mali con Rusia que podían conducir a un despliegue de la ‎empresa militar privada rusa Wagner.‎

El 23 de diciembre de 2021, Francia dirigía a Mali una nota –firmada también por Bélgica, Reino ‎Unido, Países Bajos, Dinamarca, Alemania, Italia, Canadá, Lituania, Noruega, Portugal, Rumania, ‎Chequia y Suecia– deplorando la posibilidad de que el gobierno de Mali pudiese decidir recurrir a ‎Wagner. ‎

En enero de 2022, el gobierno de transición de Mali –la «junta», según la terminología francesa– ‎denunció una violación del espacio aéreo nacional por parte de los militares franceses [2]. El general ‎francés Laurent Michon, jefe de la fuerza denominada Barkhane, argumentó entonces que los ‎militares franceses habían actuado en aplicación de las prerrogativas concedidas por el presidente ‎títere Dioncounda Traoré al iniciarse la Operación Serval y fingió creer que tales prerrogativas se ‎extendían a Barkhane.‎

Llegados a este punto no queda más remedio que reconocer que los esfuerzos de los militares ‎franceses, independientemente del papel de los servicios secretos franceses en sentido opuesto –‎a favor de los yihadistas– ha sido reconocido como un fracaso por todos los observadores.

‎Al no poder distinguir entre “buenos” y “malos”, el gobierno de transición pidió a los franceses ‎que se fueran [3]. París trató de presionar al gobierno de Mali a través de la CEDEAO, cuyos ‎miembros decidieron cerrar sus fronteras con Mali y congelar los fondos de ese país depositados ‎en el Banco Central de Estados del África Occidental. Pero, al fin y al cabo, los franceses tuvieron ‎que resignarse a emprender la retirada. ‎

El 11 de mayo Estados Unidos organizaba en Marruecos una reunión de la llamada coalición ‎global contra Daesh. En ese encuentro participaron los ministros de Exteriores de 85 países… ‎bajo la presidencia de la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland. El objetivo de esa ‎reunión fue preparar la próxima guerra en Sahel… con el armamento que supuestamente se envía ‎a Ucrania y que en realidad se almacena en Kosovo y Albania. ‎

A mediados de junio de 2022, mientras que los militares franceses preparan su retirada, ‎el gobierno de transición de Mali contrata la empresa militar privada rusa Wagner para que ‎los reemplace. En Francia se hace campaña contra esos intrusos, sobre todo contra uno de sus ‎dirigentes, Evgueni Prigozhin. La editorial francesa Michel Lafon publica el testimonio de un ‎ex comandante de Wagner en el Donbass y en Siria. El grupo también está presente en la ‎República Centroafricana y en Libia y se le acusa de ciertos abusos, por cierto menos graves que ‎los cometidos por soldados franceses. También se acusa a Prigozhin de tener una empresa ‎informática y de haber manipulado la elección presidencial en Estados Unidos. Esa propaganda ‎se repite incansablemente a pesar de que una investigación judicial estadounidense no ha ‎logrado comprobar absolutamente nada de eso. También se dice que Prigozhin sirve de consejero ‎a Saif al-Islam Kadhafi, hijo del asesinado líder libio, y que apoya organizaciones de defensa de los ‎derechos humanos que se enfrentan a los gobiernos occidentales. ‎

El 3 de julio la CEDEAO, temiendo ganarse la hostilidad de Rusia, acaba anulando discretamente ‎las sanciones que había impuesto a Mali. ‎

El 6 de julio el gobierno de transición de Mali entrega al Consejo de Seguridad de la ONU un ‎calendario detallado de las reformas democráticas que ha planificado para aplicarlas antes de la ‎elección del próximo presidente de la República, prevista para febrero de 2024. ‎Es evidentemente que ese calendario ha sido preparado con el concurso de consejeros rusos. ‎

El 21 de julio, el general francés al mando de la fuerza Barkhane acusa al grupo Wagner de ‎explotar 3 minas de oro como pago de su intervención.‎

El 9 de agosto, la Federación Rusa entrega al ejército de Mali un importante lote de aviones y ‎helicópteros. ‎

El 16 de agosto, Mali solicita al Consejo de Seguridad de la ONU la convocación de una reunión ‎especial sobre el apoyo de Francia a los yihadistas [4]. En su solicitud, Mali precisa que dispone de ‎pruebas que demuestran el doble juego de Francia. ‎

Ese mismo día, Francia envía al Consejo de Seguridad un comunicado sobre la retirada de la fuerza ‎Barkahne de Mali. Sin mencionar la responsabilidad de Francia en la destrucción de Libia y en el ‎apoyo a los yihadistas, el presidente francés se felicita en ese documento del “trabajo” realizado ‎durante 9 años y recuerda que 59 soldados franceses murieron por la seguridad de las ‎poblaciones europeas y malienses. ‎

Hay varias interrogantes:‎

¿Por qué el ejército francés tiene tan malos resultados en África? En contraste, el balance del ‎grupo Wagner en la República Centroafricana, donde está presente desde 2018, es positivo. ‎Se dice que los hombres de Wagner han cometido abusos –ciertamente menos que los militares ‎franceses– pero se reconoce que han logrado restaurar la paz. El hecho es que, en situación de ‎combate, el ejército francés ya no cuenta con los medios que exigen sus ambiciones. ‎No logra derrotar a los yihadistas y, según la Asamblea Nacional francesa, en un conflicto de alta ‎intensidad los militares franceses serían barridos en 2 días.‎

¿Por qué el ejército francés acepta luchar contra yihadistas respaldados por Francia? En la ‎práctica, Francia no tiene una política exterior propia desde 2007, sino que se ha limitado a ‎realizar “jugadas” en función de aprovechar oportunidades. Esos acciones improvisadas de ‎Francia en el exterior tienen repercusiones en suelo francés, donde los yihadistas ya no vacilan en ‎prolongarlas. La Hermandad Musulmana, que parecía ser un temible ejército en tiempos de la ‎guerra fría, hoy se ha convertido en un enemigo interno.

¿Por qué los dirigentes franceses regresaron en 2011 a la política colonial del siglo XIX a pesar ‎de que el pueblo francés siempre ha condenado aquella política? ‎

https://www.voltairenet.org/article217811.html

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[1«Mali señala que Francia forma los terroristas que ‎dice combatir», Red Voltaire, 19 de octubre de 2021.

[3«Mali anula sus acuerdos militares con Francia», Red Voltaire, 14 de enero de 2022.

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